Todo cambio que anhelemos en nuestro ambiente, requiere un cambio interno en nosotros. Toda revolución en lo externo, para que sea efectiva, debe procurarse primero por dentro.

Cuando Jesús afirmó lo anterior, se basó en una costumbre seguida en su tiempo para almacenar el vino. Corroboró el hecho de que los seres humanos tenemos la tendencia natural a anhelar cosas mejores, sin estar dispuestos a Desechar lo viejo, para dejar espacio a lo nuevo; Desechar lo viejo, para que no contamine lo nuevo.

Anhelamos lo mejor de Dios, sin desechar lo “bueno” a lo que nos aferramos. Anhelamos revelación de Dios, sin desechar nuestros “criterios”.

Es por eso que, en cuanto a la prosperidad, no vivimos a plenitud lo que Dios quiere.

Ideas viejas, tradiciones viejas, compañías viejas, hábitos viejos… y así por el estilo.

El peligro de lo viejo, es que ganó ya espacio en nuestro corazón. De allí que el cambio cueste. Por eso es necesario que el cambio sea “de adentro hacia afuera”; no sólo en lo intelectual y cognitivo, sino en nuestros afectos y emociones.

Un cambio de paradigma auténtico solo viene cuando se conjugan el “que” y el “como” con el “quiero”; es decir, qué cosa necesito desechar, cómo hacerlo… y querer hacerlo.

Nuestra capacidad de andar en novedad de vida (2Corintios 5:17) está en función de asimilar lo nuevo. Nuestra capacidad para recibir lo nuevo, radica en saber desechar lo viejo.

Algunos Odres Viejos Que Tienes Que Dejar Atrás Para Prosperar:

¿Has dejado de corazón las viejas compañías, o tan solo “físicamente” te has alejado de ellas? Salmo 1

Muchas veces nuestro alejamiento no es completo. Aún emocional o espiritualmente estamos ligados a influencias del pasado que estorban lo nuevo que Dios quiere hacer en nuestras vidas.

¿Conoces a Dios como tu proveedor, o aún en lo íntimo “Mamón” - las riquezas – deciden en tu vida? Mateo 6:24

La Palabra de Dios garantiza 100% que Dios suplirá tus necesidades. Sin embargo, existen personas que están dispuestos a sacrificar la obediencia a principios de Dios, visión y llamado de Dios, por urgencias en lo económico. La revelación plena de Dios como proveedor, vino a Abraham en el altar de sacrificio, en el acto de dar. Es por esto que las personas no están seguros que Dios quiere darles todo y de lo mejor: Simplemente porque ellos no le han dado, o no están dispuestos a darle todo y de lo mejor que tienen. Conductas no igualan a intenciones y motivos. Las conductas se pueden fingir, pero jamás lo que ocurre dentro de nosotros.

¿Andas en sabiduría revelada de Dios, o andas en los impulsos de tu propio corazón? Proverbios 28:26

Lo nuevo que Dios quiere hacer en tu vida desafía nuestros conceptos aprendidos, nuestras costumbres y hábitos tan firmemente establecidos y a los que nos aferramos. Como se dice en algún lugar: “Locura es pretender resultados en tu vida, haciendo siempre lo mismo”. ¿Confías realmente en Dios y en sus promesas? - ¿Has dado pasos concretos de fe?

¿Tienes pecado Encubierto? Proverbios 28:13

“Pecado” es todo lo que nos impide alcanzar la marca que Dios ha establecido para nosotros y la humanidad. Puede tratarse de cosas que hacemos (“pecados de comisión”) o dejamos de hacer (“pecados de omisión”). Fallar en andar de acuerdo a la visión de Dios es pecado. Fallar en los tiempos de Dios es pecado. No alcanzar la excelencia en lo que hacemos es pecado. Examinemos si hay cosas que estamos “haciendo”, para provocar la situación en que estamos, o por el contrario, cosas que “omitimos” o postergamos y que nos impiden crecer.

Por último, considera lo siguiente:

¿Tienes las mismas actitudes, manejo, modo de ganar/ gastar el dinero como siempre lo has hecho -odre viejo- y aún así esperas el vino nuevo de la bendición de Dios?

¿Esperas que actos tales como la oración, el dar corrijan situaciones que tan sólo un “arrepentimiento” pueden solucionar (1Samuel 15:22-23)

La puerta de bendición no se ha cerrado para ti. Tan sólo haz los ajustes necesarios, y a su tiempo tus ojos verán lo que Dios te prometió.

¡Hasta Pronto!