Existe algo que motiva mucho mi vida en estos tiempos, a pesar de toda la impiedad y maldad que vemos hoy, que pareciera ser una ola que viene amenazando destruir nuestros valores, familias y fe. De eso quiero comentarles.

Dice la Sagrada Escritura:

Rom 1, 28-30
"Y como no tuvieron a bien guardar el verdadero conocimiento de Dios, entrególos Dios a su mente insensata, para que hicieran lo que no conviene. .....desamorados, despiadados..."

El no tomar en cuenta a Dios en nuestras vidas trae consecuencias terribles para el individuo y la sociedad.

No se toma en cuenta hoy a Dios en las esferas académicas, gubernamentales, familiares, del arte, etc. La ideología laicista pretende excluirlo del espacio público. San Pablo detalla en el capítulo 1 de romanos, las consecuencias de este rechazo deliberado.

Dentro de la lista de vicios morales que vienen como consecuencia del olvido de Dios, vemos que el hombre moderno ha quedado incapacitado para amar verdaderamente, y para mostrar piedad y misericordia.

El amor se concibe como algo sensual, centrado en el yo y que sirve a sus intereses egoistas; que busca la comodidad y placer momentáneo...

Hoy en día se tiene más piedad por un animal (aunque esto último no es nada malo) que por un ser humano, indefenso... matándolo en el vientre de su madre... sacrificándolo al dios del placer egoísta, en nombre de "que no arruine mi futuro", bajo el slogan de que "soy dueña de mi cuerpo"...

Ideologías, tales como la de "género y derechos reproductivos", "eutanasia" buscan negar y ahogar el instinto natural por la maternidad y compasión hacia los más indefensos.

Alguién dijo que los malos triunfan, porque los buenos no hacen nada.

¿Qué podemos hacer entonces?

Defender activamente la vida en todos los frentes; cívico y legislativo. Vivir el evangelio de la vida en nuestras familias. Llenarnos de aquél que por amor a nosotros se encarnó en María Santísima, ofrecer reparación al Sagrado Corazón de Jesús, pedir misericordia por todos esos crímenes.

Al final, tenemos la promesa de que "mi inmaculado corazón trinfará", como dice el mensaje de la Virgen en Fátima; 

Les comparto esta historia:

Se cuenta que un muchacho entró con paso firme a la joyería y pidió que le mostraran el mejor anillo de compromiso que tuviera. El joyero le presentó uno. La hermosa piedra, solitaria, brillaba como un diminuto sol resplandeciente.

El muchacho contempló el anillo y con una sonrisa lo aprobó. Preguntó luego el precio y se dispuso a pagarlo ¿Se va usted a casar pronto? - Le preguntó el joyero. No - respondió el muchacho - Ni siquiera tengo novia. La muda sorpresa del joyero divirtió al comprador.

Es para mi mamá -dijo el muchacho - Cuando yo iba a nacer estuvo sola; alguien le aconsejó que me matara antes de que naciera, así se evitaría problemas; pero ella se negó y me dio el don de la vida. Y tuvo muchos problemas. Muchos.

Fue padre y madre para mí. Fue amiga y hermana, y mi maestra. Me hizo ser lo que soy. Ahora que puedo le compro este anillo de compromiso. Ella nunca tuvo uno. Yo se lo doy como promesa de que si ella hizo todo por mí, ahora yo haré todo por ella. Quizá después entregue otro anillo de compromiso. Pero será el segundo.

El joyero no dijo nada. Solamente ordenó a su cajera que hiciera al muchacho el descuento aquel que se hacía nada más a los clientes importantes.

Madres así sostienen el mundo...

¡Te invito a no desanimarte, y a activamente abrazar la cultura de la vida!