La “memoria histórica” progresista
Cuando el relato reemplaza a la historia
“Para que un hecho sea creíble, es necesario que no sea imposible, que esté apoyado en testigos que hayan podido saber la verdad, y que no hayan tenido interés en ocultarla….” (Jaime Balmes, El Criterio, Capítulo VIII, Sección I).
“El error más peligroso es el que se presenta bajo la apariencia de verdad; y el principio más fecundo en desastres es el que se admite sin el previo examen de su valor y legitimidad….” (Jaime Balmes, El Criterio, Capítulo III, Sección I).
En las últimas décadas se ha instalado con fuerza un fenómeno preocupante: la sustitución de la historia por el relato ideológico. Bajo el nombre amable de “memoria histórica”, ciertos sectores del progresismo no buscan comprender el pasado, sino reconfigurarlo para que sirva a un proyecto político presente.
En el Perú, es un hecho documentado que la propia cúpula de Sendero Luminoso (en su vocero “El Diario” y en testimonios posteriores) se atribuyó el asesinato del líder sindical Pedro Huillca en 1992. Sin embargo, la narrativa oficial que se impulsó años después —y que llegó hasta la Corte Interamericana de Derechos Humanos— giró hacia la autoría del Grupo Colina (Estado). Este tipo de giros procesales y narrativos son los que generan esa sensación de indefensión en quienes, como yo, vivimos la época y ven cómo el relato judicial o “histórico” oficial termina contradiciendo la realidad de los hechos vividos.
Estos casos a continuación forman un patrón global de lo que algunos historiadores llaman “memoria como arma política”:
La reconfiguración del pasado
| Caso | Lo que el “relato” suele omitir o matizar |
|---|---|
| España (Segunda República) | Se suele idealizar el periodo 1931-1936, silenciando la persecución religiosa, las quemas de conventos y el golpe revolucionario de 1934 (Asturias). |
| Argentina (Montoneros) | Se presenta a los grupos guerrilleros solo como víctimas de la dictadura, omitiendo que sus atentados y secuestros ocurrieron también en plena democracia. |
| Chile (Unidad Popular) | Se omite a menudo la crisis económica extrema y la declaración de inconstitucionalidad del gobierno de Allende por el Congreso antes del golpe. |
| La Vendée (Revolución Francesa) | El primer “genocidio moderno” cometido en nombre de la Libertad, Igualdad y Fraternidad contra campesinos católicos, un tema tabú en la historiografía gala oficial. |
| Filipinas (Hispanidad) | El borrado sistemático de la herencia española y el uso del inglés/tagalo para desconectar a la población de tres siglos de historia compartida. |
El peligro del “Presentismo”
Esto es la aplicación del llamado presentismo: juzgar el pasado con los ojos del presente, pero solo en aquello que conviene para validar una agenda actual. Cuando la memoria histórica se convierte en una herramienta del Estado, deja de ser un ejercicio de justicia para las víctimas y se convierte en una ingeniería social.
En el Perú, esto ha calado hondo. La construcción de un “lugar de la memoria” que, a ojos de muchos actores de la época, no equilibra las responsabilidades o minimiza el terrorismo de Sendero Luminoso y el MRTA frente a la respuesta estatal, es el núcleo de esa batalla cultural.
Es fascinante —y a la vez inquietante— en el caso de las Filipinas, un episodio casi olvidado donde la sustitución cultural fue tan efectiva que hoy pocos filipinos son conscientes de la pérdida de la lengua española frente a la imposición estadounidense.
Historia no es memoria
La historia trabaja con:
fuentes, crítica interna y externa, verosimilitud, coherencia contextual.
La memoria, en cambio:
es selectiva, emocional, identitaria, instrumentalizable.
Cuando la memoria suplanta a la historia, lo que queda no es verdad, sino pedagogía ideológica.
El método: seleccionar, exagerar, borrar
La llamada memoria histórica progresista suele operar con tres movimientos claros:
Seleccionar solo los hechos que confirman el relato (colonialismo = solo opresión; Occidente = solo violencia).
Exagerar ciertos episodios, sacándolos de contexto histórico.
Borrar o minimizar hechos incómodos:
persecuciones religiosas anticristianas,
violencia revolucionaria,
totalitarismos de izquierda,
expansionismos no occidentales (islámicos, soviéticos, etc.).
No es casualidad: el objetivo no es comprender, sino culpabilizar.
El caso islámico: el “lavado de cara”
Un ejemplo claro es el tratamiento moderno del expansionismo islámico:
Se relativizan conquistas,
Se cuestionan fuentes tardías solo cuando incomodan,
Se desacredita toda inducción histórica basada en patrones de conducta.
Sin embargo, cuando conductas recientes (ISIS, Talibán, destrucción de patrimonio, persecución religiosa) coinciden con testimonios antiguos, la negación deja de ser crítica académica y pasa a ser ceguera ideológica.
En términos policiales, eso tiene un nombre:
La inversión moral
El progresismo ha logrado algo notable:
Occidente siempre culpable.
El otro siempre víctima.
El cristianismo siempre opresor.
Las persecuciones anticristianas siempre relativizadas.
- Así, la República española es presentada como “democrática” pese a la persecución religiosa documentada;
- La evangelización en América se reduce a “imposición”, ignorando mestizaje, sincretismo y alianzas indígenas;
- Y la violencia revolucionaria se justifica como “respuesta”.
No es memoria: es ingeniería cultural
Esto no es un debate académico inocente. Es una estrategia cultural:
Deconstruir Occidente,
Erosionar su legitimidad moral,
Romper la continuidad histórica,
Generar culpa permanente.
Una sociedad sin historia crítica real es una sociedad manipulable.
Historia crítica vs. “memoria histórica” progresista
| Criterio | Historia crítica | “Memoria histórica” progresista |
|---|---|---|
| Finalidad | Comprender el pasado | Reeducar moralmente el presente |
| Método | Crítica de fuentes, contexto, verosimilitud | Selección ideológica de hechos |
| Tratamiento de fuentes | Se ponderan incluso las tardías si son coherentes | Se descartan las incómodas por “tardías” |
| Violencia anticristiana | Reconocida y documentada | Relativizada o justificada |
| Expansión islámica | Analizada como fenómeno histórico | Reinterpretada como “intercambio cultural” |
| Conquista de América | Compleja: alianzas, mestizaje, evangelización | Reduccionismo: “imposición y genocidio” |
| Occidente | Civilización con luces y sombras | Sujeto histórico culpable por definición |
| Otros expansionismos | Evaluados críticamente | Victimizados o silenciados |
| Conducta histórica reiterada | Inducción válida | Tildada de “prejuicio” |
| Uso del pasado | Búsqueda de verdad | Ingeniería cultural |
Aplicación práctica: caso islámico
| Aspecto | Análisis histórico | Relato progresista |
|---|---|---|
| Fuentes cristianas y árabes | Se comparan y cruzan | Se descartan si confirman violencia |
| Testimonios de destrucción | Considerados verosímiles | Calificados de “mitos” |
| Conductas actuales (ISIS, Talibán) | Confirman patrones | Tratadas como “excepciones” |
| Antecedentes históricos | Relevantes para el análisis | Acusados de islamofobia |
| Evaluación del riesgo | Preventiva | Negacionista |
Conclusión
La verdadera tarea histórica no es “recordar lo que conviene”, sino decir lo que fue, aunque incomode. Cuando una ideología necesita reescribir el pasado, es porque no puede sostenerse en la verdad.
La memoria sin historia es propaganda. Y la propaganda, tarde o temprano, pasa factura.
