La promoción, esto es, los ascensos a un nivel más alto en la vida y en el trabajo, viene de Dios. Muchas veces en nuestro afán por “ocupar o llenar” funciones, nos precipitamos en promover personas basados por la urgencia del momento. Por ejemplo, decimos “es que no hay quien ocupe ese cargo”, y por tanto , colocamos personas dispuestas, pero sin seleccionar. Los resultados se verán después.
Asimismo, existen ocasiones en que simplemente evaluamos las capacidades o habildades de una persona, sin considerar su carácter. ¡Cuantas veces personas hábiles y capaces son desleales, infidentes y a la larga provocan más mal que bien en la organización!
El apóstol Pablo nos dá el balance perfecto: 2Tim 2:2 “Busca hombres, fieles que sean idóneos”
La evaluación, por tanto, tiene dos aspectos: actitudes y habilidades.
De preferencia al carácter de un candidato que a su talento o habilidad.
A continuación le suministramos algunos criterios para calificar personal basados en el carácter.
¿Está dispuesto a asumir responsabilidad por sus acciones o circunstancias?
¿Cumple sus promesas y compromisos?
¿Sigue las instrucciones o pasos asignados?
¿Es disciplinado para cumplir metas a corto y largo plazo?
¿Es disciplinado para planificar y llevar una agenda personal?
¿Está dispuesto a trabajar duro?
Estos puntos nos darán idea del carácter, o falta de él, del candidato.
Recuerde que la recompensa del digno de confianza es más confianza. Tan sólo promueva a quien ha sido probado. De la selección adecuada del personal, dependen los resultados y el futuro de su iglesia u organización.
¡Hasta Pronto!