Un predicador famoso, al hablar ante un grupo de estudiantes que habían expresado interés en el ministerio, les preguntó: ¿Cuántos están dispuestos a comprometerse para cuidar pastoralmente a las personas? Sólo uno alzó la mano.

Una joven que estaba presente, después le dijo: “Tengo un problema con el uso que ud. hace con la palabra “compromiso”. Suena como que es algo vinculante y restrictivo…”.

La iglesia de hoy se ha convertido en una institución en la cual la creencia en Dios es opcional o periférica. Las Técnicas de Mercadeo acerca de presentar a la iglesia como una entidad que brinda varias opciones ha reemplazado la respuesta al evangelio de Jesucristo como medio para reclutar miembros.

La manera de apelar para eso a las personas es el de resolver sus necesidades básicas antes que el llamado para un discipulado radical. La misión de la iglesia es muy a menudo suplir las necesidades percibidas de sus miembros, que el servir la necesidad de Dios para tener un mundo redimido, reconciliado y sano.

El concepto de “consumismo” ha reemplazado el compromiso. Se ha infiltrado en la iglesia haciéndonos ceer que hay que reclutar personas y ser “marketeros”; pensamos que necesitamos decir “mira lo que nuestra iglesia te puede ofrecer”

En estos tiempos hablar de discipulado no es popular. Discipulado es compromiso; significa saber quien es Jesucristo y seguir su revelación tal como está en su enseñanza, muerte, resurrección y presencia.

Es necesario hallar el equilibrio. Definir lo que significa el compromiso. No es aislarse de la sociedad; es discipular en el lugar en donde nos encontramos, sin descansar en métodos, buscando innovar, incluyendo el hecho de poder servir a Dios en la carrera o profesión que se tenga, buscando ser luz y sal.

Los primeros que tendrian que estar  comprometidos a capacitarse profesionalmente, tendrian que ser quienes tienen a su cargo personas, bajo un Liderazgo, en cualquier instancia en la que se desempeñan.