Últimamente existe un gran interés social en el cuidado y la protección de los animales. Inclusive se han aprobado leyes que contemplan diversas penas y sanciones castigando el maltrato animal. Es cierto que la ley, en este ámbito, responde a una situación social, moral y ética previamente existente dentro de la sociedad. Sin embargo, observamos también la aparición de ciertas ideologías que pretenden proscribir el consumo de carne y, al mismo tiempo, muestran un claro favoritismo por el sufrimiento de un animal, pero no manifiestan la misma sensibilidad ante el sufrimiento de un feto humano en el contexto del aborto.

Existe, por otra parte, una relación profunda y muy antigua entre el cariño hacia los animales y el carácter moral–espiritual del ser humano, y no se trata de una intuición moderna ni meramente sentimental: dicha relación se encuentra sólidamente arraigada en la Sagrada Escritura, en la tradición cristiana y, de modo especial y significativo, en el carisma franciscano.

Fundamento bíblico: no es “romanticismo”

En la Escritura, el trato hacia los animales revela el corazón del hombre. El texto de Proverbios 12,10 es fundamental en esta comprensión:

«El justo cuida la vida de su bestia, pero las entrañas del malvado son crueles.»

De aquí se desprenden puntos cruciales:

  • La justicia no se mide solo en relación a otros humanos.
  • La crueldad con los animales es signo de un corazón desordenado.
  • No se dice que amar a los animales hace justo al hombre, sino que el justo naturalmente cuida, porque su interior está bien orientado.

También en la Ley mosaica observamos que la misericordia no se compartimenta:

  • No se permite hacer sufrir innecesariamente al animal (Ex 23,5; Dt 22,6-7).
  • El sábado alcanza también al buey y al asno (Dt 5,14).

Dimensión antropológica: lo que revela del carácter

Desde una perspectiva humana, confirmada por filósofos y psicólogos, el cariño sano hacia los animales suele indicar:

  • Capacidad de compasión: reconocer la vulnerabilidad del otro.
  • Ausencia de sadismo o dureza interior.
  • Sensibilidad moral ante el sufrimiento gratuito.
  • Dominio de sí, no necesidad de afirmarse mediante la fuerza.

Históricamente, la crueldad con animales ha sido vista como signo de desorden interior. Muchos educadores clásicos consideraban que enseñar a un niño a respetar a los animales era formar su carácter moral. No es casualidad.

San Francisco de Asís: no ecologismo, sino teología

San Francisco no amaba a los animales “porque sí”, ni porque fueran simpáticos. Los amaba porque veía en ellos criaturas salidas de las manos del mismo Padre: “Hermano lobo”, “Hermana alondra”, “Hermana agua”.

Esto no es panteísmo, es teología de la creación. Francisco no borra la diferencia entre el hombre y el animal (el hombre sigue siendo imagen de Dios), pero entiende que la creación entera es familia, no material desechable. Su ternura nace de la humildad, no del sentimentalismo.

San Antonio de Padua: la creación escucha a quien vive en verdad

El famoso episodio del sermón a los peces no es una fábula infantil. Es un signo hagiográfico de que quien vive conforme a la verdad, encuentra resonancia incluso en la creación. La tradición enseña que cuando el hombre está reconciliado con Dios, la creación deja de ser enemiga. Esto conecta con Romanos 8: «La creación entera gime esperando la redención…»

Laudato si’: continuidad, no ruptura

El papa Francisco retoma explícitamente el espíritu franciscano. En Laudato si’, el cuidado de la creación está unido al cuidado del pobre. El desprecio por la naturaleza y el desprecio por el ser humano tienen la misma raíz. No es “animalismo”, es ecología integral, donde el hombre no es tirano ni un animal más, sino un administrador responsable.


La finura de Santo Tomás de Aquino

En Santo Tomás este tema está tratado con mucha más finura de lo que suele creerse. Ofrece una base metafísica, moral y pedagógica que explica por qué el trato hacia los animales revela el carácter humano.

El orden del ser (Ordo)

Para Tomás, Dios es el Bien supremo y las criaturas participan del bien según su naturaleza. No todas tienen la misma dignidad ontológica:

  • El hombre: Tiene alma racional, es imagen de Dios y es fin en sí mismo.
  • El animal: Tiene alma sensitiva, no es imagen de Dios y está ordenado al uso del hombre. Tomás nunca iguala animales y personas.

¿Por qué no es moralmente indiferente maltratar animales?

En la Suma Teológica (I–II, q.102, a.6), explica que la Ley prohibía actos crueles para evitar que el hombre se acostumbre a la crueldad. El acto recae sobre el animal, pero el vicio se imprime en el alma humana. Quien se habitúa a hacer sufrir sin necesidad, se vuelve cruel también con las personas.

La virtud implicada: mansedumbre y misericordia

  1. Mansedumbre (mansuetudo): Modera la ira y evita la dureza de corazón. El hombre brutal con animales no domina su ira y se habitúa al desorden pasional.
  2. Misericordia: Aunque se dirige primariamente a personas, Tomás admite una misericordia secundaria hacia los animales porque su sufrimiento despierta compasión en el justo. La misericordia se define por el movimiento recto del corazón.

Distinción frente al animalismo moderno

Desde Santo Tomás se ve con claridad dónde está la línea entre una sensibilidad moral sana y su deformación moderna. El animalismo ideológico se caracteriza por:

  • Igualación moral: “Si siente dolor, tiene los mismos derechos”. Es una confusión ontológica; el sentir no es igual a ser persona.
  • Inversión de la misericordia: Indignación extrema por un perro e indiferencia por el aborto o la pobreza. La misericordia desordenada deja de ser virtud.
  • Absolutización del sufrimiento: Cambiar el criterio del bien por el de la sensación. Se prohíbe el uso animal proporcional pero se acepta el aborto “para evitar sufrimiento”.
  • Negación de la excepcionalidad humana: El hombre visto como “un animal más”, perdiendo su responsabilidad moral única.

Tabla Comparativa: Santo Tomás vs. Animalismo Moderno

CriterioSanto Tomás (Tradición)Animalismo Moderno
Orden del serJerarquía clara (Ordo)Igualación confusa
MisericordiaCon inteligencia y ordenEmoción sin dirección
AntropologíaHombre como Imagen de DiosHombre como un animal más
Uso animalUso legítimo sin crueldadProhibición absoluta
FundamentoLa virtud forma el carácterLa sensibilidad como criterio

Conclusión: El orden del amor

La paradoja final es que el animalismo moderno suele ser cruel con el hombre (justificando la eliminación de personas “inútiles” o culpabilizando al ser humano por existir). Amar a los animales contra el hombre no es amor, es odio disfrazado de compasión.

En síntesis: Hay una relación real entre el cariño a los animales y el carácter. No es sentimentalismo moderno; es bíblica, sapiencial y franciscana. La ternura hacia la creación es fruto de un corazón reconciliado con Dios.

San Francisco amaba a los animales porque amaba a Dios. El animalismo moderno ama a los animales porque ya no sabe qué es el hombre. Esa es la clave de todo.