“Por tanto os digo que si vuestra justicia no fuera mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis al reino de los cielos…” (Mt.5:20)
Jesús vino a introducir cambios, de un nuevo orden a otro. Este nuevo orden abarcaba todas las áreas de la vida. El pueblo de Israel no entendió el tiempo en que vivían, ni la urgente necesidad de cambiar instituciones antiguas y respetadas, pero que no reflejaban la realidad mas, y habían perdido su valor para ayudar y guiar a las personas. El resultado final, fue la destruccion del templo y la dispersión del pueblo de Israel por 2000 años.
¿No estaremos ahora mismo desconociendo los enormes cambios en nuestro entorno, y la necesidad de cambiar (valga la redundancia) en respuesta?
Por supuesto, los principios y valores eternos no cambian. Mucho daño se ha hecho en aras de la “modernidad”. El auge del llamado sexo libre, matrimonios abiertos, ética situacional nos han conducido a la situación moral y espiritual del mundo actual, en donde conviven la miseria y la opulencia; la ciencia y la tecnología, con monstruosas atrocidades morales. A lo que nos referimos es a que los métodos, programas, tradiciones, sistemas eclesiásticos y empresariales deben cambiar. Tan solo la Palabra de Dios permanece para siempre (Is. 40).
Según la moderna teoría de la organización inteligente, las entidades, empresas, iglesias, familias interactúan constantemente con su entorno, y deben hacer ajustes para sobrevivir.
Las personas tienen que cambiar, en sus paradigmas, sus hábitos de trabajo, de consumo, de gasto. Las empresas deben cambiar. Las iglesias deben cambiar.
Tiempos como el presente, nos llevan a cambiar. No saldremos de esta crisis, si no estamos dispuestos a cambiar.
En cuanto al cambio.-
1. La gente es negativa por naturaleza. Las personas siempre tenderán a buscar la comodidad y no el cambiar.
2. La gente está en contra de lo que no entiende. Es por eso que los cambios tienen que explicarse, implementarse buscando el consenso de los involucrados. De otra manera, seríamos dictadores.
3. La gente es el problema, la gente es la solución. Los mayores problemas los tenemos con las personas, pero también personal bien entrenado y motivado, sacará adelante a una organización.Estas premisas son válidas en la iglesia, el Estado, empresa, etc.
- El lenguaje bíblico para el cambio es arrepentimiento o conversión.
- Nos convertimos bíblicamente de lo negativo a lo positivo, del reino de satanás al reino de Dios, de las tinieblas a la luz.
- "El cambio no es cambio hasta que cambias". El arrepentimiento es necesario para destruir lo negativo, porque Dios no construye nunca sobre lo negativo, sino sobre lo positivo. La confesión hace dos cosas: nos deshacemos del pecado (lo negativo) confesamos lo que Dios ha hecho; lo que somos en Cristo.
- "La única constante en la maduréz es el cambio". Negarte a cambiar es negarte a madurar.
- "Cuanto más crezcas y madures, tus amistades íntimas cambiarán.
Reconoce que negarte a cambiar es negar el crecimiento y la innovación. Lo que hoy es tradición, en su momento fue innovación. Si no nos cuidamos, lo que ahora es moderno, será obsoleto mañana.
Utiliza los tiempos de crisis para cambiar (madurar). Las Crisis traen oportunidades para revisar procedimientos, programas, paradigmas, etc
Todo en la vida se vive en niveles y llega por etapas. Aprende a detectar las temporadas y ritmos de familias, organizaciones, personas. No aceleremos los procesos, aprovechémoslos para hacer ajustes. Vivamos y gocemos de cada etapa.
Considera siempre que nuestra disposición a cambiar es la respuesta correcta ante una economía cambiante, un nuevo siglo con nuevos desafios.
-Algunas preguntas para implementar cambios serían: ¿Contradice algún principio de Dios? ¿Sirve para ayudar mejor a otros? ¿El sistema sirve a las personas o las personas sirven al sistema?
Por supuesto, no pretendemos agotar aquí el tema, pero sí el despertar la necesidad de implementar cambios positivos en respuesta a la realidad actual.
Encaremos el desafío del cambio!
Hasta pronto!