No podemos controlar la belleza de nuestro rostro, pero sí su expresión.

No podemos controlar los momentos difíciles de la vida, pero sí decidir hacerlos menos difíciles, y además crecer con ellos.

No podemos controlar la atmósfera negativa del mundo, pero sí la de nuestras mentes.

No podemos escoger cuantos años viviremos, pero sí cuanta vida tendrán nuestros años.

Muy a menudo decidimos controlar cosas que no podemos; muy pocas veces controlar lo que sí está a nuestro alcance: nuestra actitud.

El día más grande en nuestra vida será cuando tomemos responsabilidad total por nuestros sentimientos.

Nuestras actitudes determinan nuestros sentimientos. Existe una diferencia en cómo nos sentimos y como manejamos nuestros sentimientos. Una actitud positiva impedirá que nuestros sentimientos nos bloqueen.

El liderazgo es influencia. Los demás se contagian de nuestras actitudes como de un resfrío. El secreto para controlar las actitudes, sólo se puede dar a través del dominio propio. Este es un fruto del Espíritu Santo (2Tim 1:7). El ser lleno del Espíritu (controlado por) es un mandato de Dios a todo Cristiano. ¿Cómo eres lleno del Espíritu Santo?  Leelo en Efesios 5:18-20.

Sé un hombre responsable por sus actitudes.

Sé un hombre de influencia.