La Vara Alta: Escribir para Formar, no para Complacer
Vivimos en la era de la synkatabasis mal entendida: una condescendencia cultural que, bajo el pretexto de la “accesibilidad”, ha terminado por erosionar la capacidad de pensamiento profundo. Mientras el mundo se rinde ante el dictado del algoritmo, el video de quince segundos y la gratificación instantánea de la dopamina digital, este espacio se erige en una dirección opuesta.
Aquí no encontrarás resúmenes, ni ideas masticadas, ni el lenguaje simplificado del entretenimiento.
El Rechazo a la Condescendencia
Existe una distinción teológica fundamental en la forma de comunicar la verdad. Dios, en su revelación, utiliza la condescendencia para descender hasta la limitación humana. Pero el hombre, en su búsqueda de conocimiento y formación, tiene el deber de realizar el camino inverso. Mi labor como escritor y docente no es rebajar el concepto hasta el suelo, sino forjar una escalera.
Si el lector encuentra mi lenguaje complejo o mis ideas densas, debe entender que esa dificultad no es un error de comunicación, sino una herramienta pedagógica. El crecimiento intelectual no ocurre en el confort de lo conocido; ocurre en la tensión de lo que aún no se comprende.
Mil Palabras contra el Olvido
El formato de mil palabras es, hoy en día, un acto de rebeldía. Soy plenamente consciente de que el porcentaje de rebote será alto y que muchos abandonarán la lectura al segundo párrafo. No busco popularidad ni el “like” fácil. Aquellos que se retiran buscan información; aquellos que se quedan buscan formación.
La lectura sostenida es un ejercicio cognitivo que el mundo audiovisual está atrofiando. Leer un ensayo extenso exige atención, silencio y la capacidad de sostener una estructura lógica en la mente. Quien no es capaz de leer mil palabras, difícilmente será capaz de articular un pensamiento propio que no sea el eco de lo que vio en una pantalla.
Para el Resto Fiel
Este blog no es para el transeúnte digital que busca una respuesta rápida para seguir navegando. Es para el lector que posee un verdadero interés, para aquel que entiende que la sabiduría es un tesoro que se oculta tras el velo del esfuerzo.
No escribo para hablar en público ni para adaptar mi discurso a las masas. Presento las ideas tal cual son, con toda su carga filosófica y teológica, porque mi fin es elevar el nivel intelectual del lector, no validarlo en su estado actual.
El conocimiento que no cuesta, no transforma. Si has llegado hasta aquí, es porque has aceptado el reto de no conformarte con lo sencillo. Bienvenido a la resistencia de la lectura.